De tipos de interés
Cuando el mercado exige más interés, tu bono vale menos. Te afecta si necesitas vender antes de tiempo, y más cuanto más lejos esté el vencimiento.
Letras del Tesoro, bonos y obligaciones del Estado y deuda de empresas: qué pagas, qué cobras y qué puede torcerse. Esto es un curso de lectura, no una invitación a invertir.
Comprar un bono equivale a convertirte en acreedor: le adelantas dinero a un gobierno o a una compañía y, a cambio, recibes unas condiciones fijadas por escrito antes de empezar.
Cuando un gobierno o una compañía necesita fondos, puede pedirlos a un banco o acudir directamente a los inversores emitiendo deuda. Cada título es una porción de ese préstamo y deja por escrito las reglas: cuánto se devolverá, en qué fecha y qué intereses se abonarán entretanto.
Lo que es «fijo» son esas reglas, no el resultado final. Si aguantas hasta la fecha final y el deudor paga lo prometido, sabes desde el primer día cuánto ingresarás. Si vendes antes, el precio dependerá del mercado ese día; y si el emisor atraviesa problemas, los pagos pueden retrasarse o recortarse.
Dominar la renta fija, en el fondo, es comprender tres relaciones: el del cupón con el precio, el del precio con los tipos de interés y el de la solvencia del emisor con la rentabilidad que el mercado le exige.
En España es el Tesoro Público quien coloca la deuda del Estado, a través de subastas con calendario fijo, y la agrupa en tres categorías según su duración. La deuda corporativa (bonos y pagarés de empresa) admite diseños mucho más variados, así que su folleto exige una lectura atenta.
Cualquier bono convencional se resume en una lista de pagos con fecha. Verlos dibujados es la forma más rápida de entenderlo.
Este es el modelo básico: un único cupón fijo al año. Recorre el gráfico de izquierda a derecha, igual que una agenda.
Las Letras del Tesoro llevan esto al extremo: no pagan cupón. Se compran por debajo del nominal y la diferencia es la ganancia. Si desembolsas 975 € hoy y dentro de un año recibes 1.000 €, has ganado 25 €: algo más de un 2,56 % (25 ÷ 975). Es una cuenta simplificada, sin impuestos ni gastos.
Las tres familias del Tesoro Público tienen el mismo emisor y el mismo nominal; lo que más las separa es el plazo.
| Letras | Bonos | Obligaciones | |
|---|---|---|---|
| Plazo | Hasta un año (normalmente 3, 6, 9 y 12 meses) | De 2 a 5 años | Más de 5 años (normalmente 10, 15 o 30) |
| Rendimiento | Al descuento, sin cupón | Cupón fijo anual | Cupón fijo anual |
| Nominal | 1.000 € | 1.000 € | 1.000 € |
| Reacción del precio a los tipos | Pequeña | Moderada | Grande |
| Para qué se suelen usar | Liquidez a corto | Horizontes medios | Horizontes largos, con más vaivén de precio |

Las compañías también se financian emitiendo bonos. La mecánica no cambia (nominal, cupón, vencimiento), pero entran en juego matices que en la deuda pública casi no cuentan: la solvencia de la empresa, el orden de cobro del bono frente a otros acreedores, la posibilidad de amortizarlo antes de tiempo o cupones ligados a una referencia variable más un margen.
Prestar a una empresa suele ser más arriesgado que prestar a un Estado solvente, y el mercado lo cobra en forma de rentabilidad adicional: el diferencial o spread. Es una compensación por el riesgo de crédito, no dinero gratis.
A esto se suma que bastantes emisiones corporativas piden una inversión mínima elevada o apenas tienen compradores en el mercado, así que deshacerse de ellas antes de tiempo sin perder dinero puede resultar difícil.
Tipos arriba, precios abajo; tipos abajo, precios arriba. Si te quedas con una sola idea de toda el aula, que sea esta.
Supón que tienes un bono con un cupón del 2,5 %. Si mañana salen al mercado bonos parecidos que pagan un 3,5 %, tu bono pierde atractivo y solo encontrará comprador con descuento: su precio cae justo lo necesario para que, contando cupones y devolución final, rinda lo mismo que las alternativas nuevas.
A esa rentabilidad —la que consigue quien compra hoy a un precio concreto y espera al vencimiento— se la llama TIR (tasa interna de rentabilidad). El cupón está grabado en piedra; lo que se ajusta es el precio, y la TIR se ajusta con él.
Para calcular el precio teórico, trae cada cobro futuro a valor de hoy usando el tipo de mercado: divide cada cupón y la devolución final entre (1 + tipo) elevado al número de años que faltan.
Tomamos el bono del capítulo 2 (cuatro años, 1.000 €, cupón del 2,5 %). Si la rentabilidad exigida a ese emisor y plazo pasa del 2,5 % al 3,5 %:
25/1,035 + 25/1,035² + 25/1,035³ + 1.025/1,035⁴ = 963,27 €
Un comprador que pague esa cifra y espere al final obtendrá un 3,5 % anual, con dos condiciones: que el deudor cumpla y que cada cupón pueda reinvertirse también al 3,5 %. Sin contar gastos ni impuestos.
| Tipo de mercado | Precio teórico | Cambio |
|---|---|---|
| 1,5 % | 1.038,54 € | +3,85 % |
| 2,5 % (igual que el cupón) | 1.000,00 € | 0,00 % |
| 3,5 % | 963,27 € | −3,67 % |
| 4,5 % | 928,25 € | −7,18 % |
La duración indica cuánto tardas, en promedio ponderado, en recibir los pagos del bono. En el caso es de unos 3,86 años; la duración «modificada» (3,76) calcula que si los tipos se encarecen un punto, el precio caería en torno a un 3,76 %. El cálculo exacto da un 3,67 %: esa pequeña diferencia es efecto de la convexidad.
Cuanto más largo el plazo, mayor la duración y la sensibilidad. Con el mismo cupón del 2,5 % pero a ocho años, una subida de un punto dejaría el precio teórico en 931,26 €, un 6,87 % menos.
Que el cupón sea fijo no hace fija la inversión. Estos riesgos figuran en cualquier folleto; aprende a reconocerlos.
Cuando el mercado exige más interés, tu bono vale menos. Te afecta si necesitas vender antes de tiempo, y más cuanto más lejos esté el vencimiento.
El deudor puede pagar tarde, renegociar condiciones o no pagar. Pesa sobre todo en la deuda corporativa, aunque la pública tampoco está exenta.
Quizá no encuentres comprador cuando quieras vender, o solo con un descuento importante sobre el precio teórico.
Si la vida se encarece más de lo previsto, el mismo cupón alcanza para menos. Lo que importa es lo que ganas una vez restada la inflación.
Lo que vayas cobrando tendrás que colocarlo de nuevo a los tipos vigentes entonces, quizá peores que los iniciales.
Ciertas emisiones dan al deudor la opción de reembolsar por adelantado; suele ejercerla cuando a ti menos te favorece.
Agencias especializadas puntúan con letras la solvencia de cada emisor. Su nota refleja un juicio profesional, no un seguro, y cambia si cambian las circunstancias.
Peor nota, más TIR: el mercado paga más a quien asume más peligro. No es una ganga, es el precio del riesgo.
Imagina dos emisiones a cinco años. La de un país con nota alta ofrece un 2,5 %; la de una compañía con nota BB, un 6 %. Entre ambas hay 3,5 puntos de diferencial.
Esos puntos extra no la hacen más interesante: reflejan que los inversores ven bastantes más opciones de que la empresa falle. Y si falla, lo perdido puede ser muy superior a todo lo cobrado en cupones.
Es largo porque la ley obliga al emisor a contarlo todo. Este recorrido te ayuda a no perderte.

Puedes consultar en la web de la CNMV los folletos aprobados de las ofertas públicas realizadas en España. Para la deuda estatal, la referencia es el Tesoro Público, que publica tanto las características de cada emisión como lo ocurrido en cada subasta.
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Ninguno. Arrancamos desde lo más elemental y hacemos todas las operaciones juntos con una calculadora de bolsillo. Si sabes calcular un porcentaje, vas sobrado.
Nunca. Somos un aula: aquí no se vende deuda, no se gestiona dinero de nadie y no se aconseja qué valores comprar o vender. Cada ejemplo que verás es ficticio.
Tiene riesgos, como cualquier inversión: su cotización cae cuando suben los tipos, el deudor puede fallar y a veces cuesta encontrar comprador. Y aunque esperes al final, la inflación puede comerse parte de lo que cobres.
Obtendrás lo que el mercado ofrezca en ese momento, que puede quedar por encima o por debajo de tu precio de compra; a eso se suman los intereses acumulados y se restan los gastos. Solo esperando al final, y si el deudor paga, sabes el resultado de antemano.
Hay dos caminos: acudir a una subasta del Tesoro (por tu cuenta o mediante un banco o bróker) o comprarlas a otros inversores en el mercado secundario. En el taller vemos la mecánica de las subastas y cómo interpretar sus datos, sin decantarnos por ninguna opción.
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